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La regadera de la Tía Pocha

Regalos vida sana

A la Tía Pocha se le rompió la regadera. Ella tiene un balcón, con cerramiento de vidrio, en el que siempre hace calor porque da el sol todo el día. Desde hace unos años cultiva hierbas aromáticas: tomillo, romero y albahaca para las ensaladas, y melisa, para cuando no puede dormir por las preocupaciones.

A la Tía Pocha no le gusta pedir favores, así que cuando está por pedirte algo, empieza a dar vueltas. El otro día me llamó porque se le rompió la regadera y me tuvo media hora charlándome, porque quería saber si en Tienda Kitsch vendíamos “una de esas”. La verdad no me imagino cómo hizo para romper una regadera. Pero como es ella de regia, no va a regar las plantas así nomás con una botella, como haríamos el común de los mortales.

—Tía, no te preocupes, no vendemos regaderas, pero igual tengo lo que vos necesitás.
—Pero mirá que son muy delicadas las chicas—, me dijo.

“Las chicas”, así llama a las plantas, porque no tiene hijos. Ella eligió su profesión y prefirió concentrarse en eso. No sé si ahora que está más grande se arrepiente, como es ella, jamás te lo aceptaría. Lo que si sé, es que cuando le sale el instinto maternal irresuelto, a los sobrinos nos trata como una madre, a su manera.

—No les va a pasar nada a las chicas. Vos confiá en mí.
—Bueno, te espero el domingo entonces—. El domingo es el Día de la Madre, y aunque no sea mi vieja, quiere que la vaya a visitar. A mi mamá no le gusta ni un poco, pero qué se yo, aunque sea voy a pasar un ratito a dejarle su Nube Regadora.
—Haceme algo rico- le retruqué.
—No, nada de cosas ricas. Ya estamos en Octubre, se viene el verano, hay que estar espléndidos.

Y me cortó.

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